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Sobre la praxis de retrasar la Primera Comunión de los niños

Además de la claridad, del Decreto Quam Singulari de san Pío X sobre la edad para la primera comunión 8 de agosto de 1910 hay más ocasiones, y recientes, en las que la Iglesia se ha vuelto a pronunciar sobre la cuestión de la edad de la Primera Comunión.

Alguno podría pensar que el Decreto de San Pío X es muy antiguo y que las circunstancias actuales han cambiado y aconsejan retrasar la edad de la Primera Comunión. Grave error. No hay ningún documento de la Iglesia que insinue, mínimamente, tal idea. Es más, precisamente este mes de agosto, la fiesta de San Pío X, el Papa Benedicto XVI ha vuelto a recordar que la praxis establecida en su momento por San Pío X sigue vigente y es necesaria aplicarla más que nunca, tal y como por otra parte está recogido en el código de Derecho Canónico. No ha habido, como algunos han pensado, una decisión de adelantar la edad de la Primera Comunión, sino simplemente recordar que se cumpla lo que ya estableció en su día San Pío X y que sigue plenamente vigente en la Iglesia.

La Iglesia ha seguido insistiendo en que la edad de la Primera Comunión sea cuando el niño llega al uso de razón, es decir, en torno a los siete años. Pero si hay niños —que los hay— que alcanzan el uso de razón antes de esa edad, los padres y el párroco tienen la obligación de preparar a esos niños para que reciban cuanto antes a Jesús en la Eucaristía.

Conviene reparar en que recibir la Primera Comunión, así como la confesión sacramental, comienza a obligar a los niños que llegan al uso de razón. No es que a partir de que tengan uso de razón, entonces se les tenga que comenzar a preparar. No se trata de eso. La preparación de la que se trata aquí es de una preparación próxima. La preparación remota, el que el niño rece algunas oraciones, sepa quien es Jesús, la Virgen, etc. es algo distinto y la habrá recibido con anterioridad a llegar al uso de razón.

Tanto los padres como el párroco tienen, por tanto, la obligación de que el niño que ha llegado al uso de razón, pueda confesar y comulgar cuanto antes. A eso deben de estar dirigidos los esfuerzos. Ciertamente se le debe preparar debidamente (Cfr. Código de Derecho Canónico n. 913-914).

Ahora bien, ¿qué debemos entender por la debida preparación? El Directorio catequístico general señala que cuando el niño pueda tener una idea «de Dios como Señor y Padre nuestro, de su amor por nosotros; de Jesús, Hijo de Dios, que se hizo hombre por nosotros, y murió y resucitó» (Directorium catechisticum generale, Addendum: 1 AAS 64 [1972] 173).

Me parece desacertado argumentar que los niños de hoy son cada vez más difíciles, o que les cuesta trabajo leer, que no saben nada. Será más difícil dar la catequesis, pero seguro que esa dificultad será mayor cuanto más grandes se hagan.

El conocimiento que se requiere no es el de una diplomatura en teología. Me parece un error pensar en tres años de preparación y que los niños vayan a comulgar a los 9, 10 o más años. Se les está privando de la gracia cuando más falta les hace.

Parece mentira que hoy, con tantas técnicas pedagógicas, con tanta preparación de profesores, agentes de la educación, medios técnicos, televisión, internet, etc., cuando los niños de tres años ya juegan con la Game Boy y manejan el ordenador, digamos que no se les puede enseñar lo básico para estar preparados a recibir la Primera Comunión.

Los niños está viendo en televisión, y en la calle todo tipo de contenidos inmorales y, por desgracia, pierden la inocencia mucho antes que hace algunos años. ¿Les vamos a privar además de la ayuda inestimable de la Eucaristía?

Estoy convencido de que en los niños «cuanto más pequeños son, más digna será la acogida del corazón a Cristo sacramentado. En efecto, cuando la mente del niño llega a la edad en que comienza a razonar—y hoy esta edad llega pronto — está abierta y disponible a la acogida de la luz divina, que les hace penetrar hasta dónde es posible, el misterio del amor de Dios para el hombre. Luego la fe se levanta sobre la razón, y esta fe—que a menudo la hemos experimentado precisamente en nuestras parroquias—es tan viva en los niños que ellos son capaces, a veces mejor que nosotros, de expresar con la oración inmediata, su cercanía al Señor».

Parece poco serio que en algunas parroquias, en las que los niños que cada año hacen la Primera Comunión no llegan a una docena, se plantee retrasar la edad para comulgar. Entre los padres, los catequistas y el párroco ¿son incapaces de transmitir lo mínimamente necesario para que el niño pueda estar en condiciones de recibir a Jesús?

En el fondo de esas ideas de que le niño estaría más maduro a una edad más tardía sigue estando la mentalidad jansenista que ya denunciara San Pío X; sigue estando la mentalidad de tener menos confianza en la gracia de Dios y más confianza en lo que nosotros hacemos, la idea de que los sacramentos son más un premio que la necesaria ayuda para la dibilidad humana.

San Pío X lo dice con claridad:

La edad de la discreción para la Comunión es aquella, en la cual el niño sepa distinguir el Pan Eucarístico del pan común y material, de suerte que pueda acercarse devotamente al altar. Así, pues, no se requiere un perfecto conocimiento de las verdades de la Fe, sino que bastan algunos elementos, esto es, algún conocimiento de ellas; ni tampoco se requiere el pleno uso de la razón, pues basta cierto uso incipiente, esto es, cierto uso de razón. Por lo cual, la costumbre de diferir por más tiempo la Comunión y exigir, para recibirla, una edad ya más reflexiva, ha de reprobarse por completo -y la Sede Apostólica la ha condenado muchas veces-.

Todavía alguno podría pensar que eso lo decía San Pío X pero que hoy estamos en otros tiempos y en otras circunstancias. No es cierto, al contrario, las circunstancias actuales si hacen algo es precisamente confirmar esto mismo. Lo ha recordado el Cardenal Darío Castrillón, entonces Prefecto de la Sagrada Congregación del Clero en una carta dirigida a los sacerdotes en enero del 2005. Suyas son estas palabras: «Confiamos, por lo tanto, que esta santa costumbre, recordada por todos los últimos Papas, de hacer acercar a los niños pequeños a la Santa Eucaristía, después de haber hecho su Primera Confesión, sea cada vez más estimada».

Y tampoco viene mal mencionar unas palabras de Juan Pablo II que citadas por el Cardenal en esa carta:

El Santo Padre ha vuelto recientemente sobre aquella decisión de San Pío X con palabras de admiración; lo ha hecho en su libro ¡Levantaos! ¡Vamos!: «Un testimonio conmovedor de amor pastoral por los niños la dio mi predecesor san Pío X con su decisión sobre la Primera Comunión. No solamente redujo la edad necesaria para acercarse a la Mesa del Señor, de lo que yo mismo me aproveché en mayo de 1929, sino que dio la posibilidad de recibir la comunión incluso antes de haber cumplido los siete años si el niño muestra tener suficiente discernimiento. La Sagrada Comunión anticipada fue una decisión pastoral que merece ser recordada y alabada. Ha producido muchos frutos de santidad y de apostolado entre los niños, favoreciendo que surgieran vocaciones sacerdotales» (Juan Pablo II ¡Levantaos! ¡Vamos!, Plaza Janés, Barcelona, 2004, p. 97).

 «Dejad que los niños se acerquen a Mí y no se lo impidáis»