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Parroquia San Pedro Apóstol

CONVIVENCIA DEL GRUPO DE CONFIRMACIÓN

CONVIVENCIA DEL GRUPO DE CONFIRMACIÓN

 

El sábado 30 tendrá lugar en el Convento franciscano de Santa Catalina del Monte una convivencia de inicio de curso del grupo de Confirmación.

Será un día de oración, diversión, planificación de la catequesis y diversas actividades. Se concluirá con la celebración de la Eucaristía por la tarde.

Este año, especialmente marcado por la JMJ de Madrid, debe de ser una ocasión especial para que todos los jóvenes se esfuercen por vivir con coherencia y valentía la fe cristiana en toda su integridad.

Confiamos en que la fuerza del Espíritu Santo acompañe desde el principio toda la formación de quienes se están preparando para recibir la plenitud del Amor de Dios que es precisamente el Espíritu Santo.

Nuevo e-mail de la Parroquia

Nuevo e-mail de la Parroquia

Por razones técnicas la Parroquia ha debido cambiar la dirección de e-mail.

Quienes deseen comunicarse por este medio con la parroquia deben hacerlo a la siguiente dirección.

Un cordial saludo.

e-mail: sanpedroparroquialosramos@gmail.com.

COMIENZAN LAS ACTIVIDADES DEL

COMIENZAN LAS ACTIVIDADES DEL

 

MICO

PARROQUIA DE SAN PEDRO APÓSTOL

LOS RAMOS

 

El "MICO" (Movimiento Infantil Comunitario) comienza de nuevo sus actividades en el presente curso.

Se ha convocado una reunión para informar a los padres de los niños que tendrá lugar el martes día 9 de noviembre a las 21’00 horas en los salones parroquiales.

Esperamos la asistencia de los padres, puesto que ellos tienen una gran importancia en todo lo que realiza el MICO por la formación cristiana de sus hijos.

Es necesario que los padres ofrezcan a sus hijos ámbitos y lugares donde puedan formarse en auténticos valores, donde puedan divertirse de modo sano y que favorezca el desarrollo humano en todos los aspectos de su vida. El MICO es una gran ayuda en este sentido. 

Desde aquí animamos a todos los padres, no sólo a que apoyen el MICO e inscriban a sus hijos sino también a que lo promocionen y lo den a conocer a otros muchos padres para que también esos niños puedan beneficiarse de todo lo que el MICO les ofrece.

1. EL ENCUENTRO CON LA VERDAD DE UNO MISMO

1. EL ENCUENTRO CON LA VERDAD DE UNO MISMO

 

Dios no habla,
pero todo habla de Dios.

Julien Green

 

       Cuenta Gorki la historia de un pensador ruso que pasaba por una etapa de cierta crisis interior y decidió ir a descansar unos días a un monasterio. Allí le asignaron una habitación que tenía en la puerta un pequeño letrero en el que estaba escrito su nombre. Por la noche, no lograba conciliar el sueño y decidió dar un paseo por el imponente claustro. A su vuelta, se encontró con que no había suficiente luz en el pasillo para leer el nombre que figuraba en la puerta de cada dormitorio. 
       
       Fue recorriendo el claustro y todas las puertas le parecían iguales. Por no despertar a los monjes, pasó la noche dando vueltas por el enorme y oscuro corredor. Con la primera luz del amanecer distinguió al fin cuál era la puerta de su habitación, por delante de la cual había pasado tantas veces, sin reconocerla. 
       
       Aquel hombre pensó que todo su deambular de aquella noche era una figura de lo que a los hombres nos sucede con frecuencia en nuestra vida. Pasamos muchas veces por delante de la puerta que conduce al camino que estamos llamados, pero nos falta luz para verlo.
       
       Saber cuál es nuestra misión en la vida es la cuestión más importante que debemos plantearnos cada uno, y que podemos plantear a quienes queremos ayudar a vivir con acierto. La vocación es el encuentro con la verdad sobre uno mismo. Un encuentro que proporciona una inspiración básica en la vida, de la que nace el compromiso, el cometido principal que cada persona tiene, y que quien es creyente percibe como los planes de Dios para él. La vocación incluye todo aquello que una persona se ve llamada a hacer, lo que da sentido a su vida. 
       
       -¿Y si no quisiera conocerla?
       
       Quizá la mayor desgracia que puede sufrir una persona sea la de desconocer la voluntad de Dios para ella. La vocación es como el reto que el Señor nos plantea en nuestra vida, lo que nos hará más felices que cualquier otra opción. Por eso, la ayuda que pueda darse a otra persona para encontrar la voluntad de Dios, sea probablemente el mejor servicio que se le puede prestar. Porque no se trata de una cuestión accesoria o puntual de la que dependa solo un poco más de felicidad en la vida de esa persona, sino algo que afecta al resultado global de su existencia.
       
       -¿Te refieres a la felicidad en la vida eterna?
       
       Me refería a la felicidad aquí en la tierra, aunque, al fin y al cabo, son cuestiones muy relacionadas, pues quienes buscan la felicidad del Cielo encuentran también el ciento por uno aquí en la tierra.
       
       Cualquier ideal humano, cualquier cambio en la vida de un hombre, nace del descubrimiento de una verdad. El encuentro más profundo con la verdad, después de la fe, es la vocación. La vocación es una nueva luz, un acontecimiento que nos da una visión nueva de la vida. Una luz para acertar con nuestro camino y para no tropezar en él. 
       
       La vocación es una llamada que pide respuesta dentro de nosotros. Y dentro de nosotros hay muchas respuestas, que pueden encarnar muchos modos de desarrollar nuestra vida, con más o menos generosidad. Nuestra vida puede ser muy distinta, según sean esas respuestas, porque, como dice un proverbio indio, allí donde el hombre pone su pie, pisa mil caminos. La libertad solo recorre uno, pero está abierta a muchos. 
       
       Por esa razón, los relatos y reflexiones que irán saliendo a lo largo de estas páginas no pretenden convencer dialécticamente acerca de lo que Dios pueda pedir a una persona, sino ayudar a que cada uno tenga ese encuentro con Jesucristo, ya que, en definitiva, eso es la vocación. He procurado recoger muchos testimonios y textos, provenientes de muchas fuentes, así como algunas de las muchas preguntas que ordinariamente se plantean en torno a este tema. Las ideas, las anécdotas o los ejemplos de la vida de los santos, nos abren un panorama que nos invita a buscar ese encuentro. Y las consideraciones que se hacen, nunca pretenden ser exhaustivas, sino meras pautas de reflexión, consideraciones, nunca respuestas concluyentes.
       
       -¿Pero la vocación es encontrar una verdad, o es encontrar a Jesucristo?
       
       Para quien es cristiano y creyente, viene a ser lo mismo, pues en el Nuevo Testamento puede leerse bien claro que Él es la Verdad. Por eso, conocer cada vez mejor a Jesucristo es algo central para el discernimiento de la vocación. No se suele comenzar a ser cristiano, ni a entregarse a Dios, por una decisión ética, o por una gran idea, sino más bien por el encuentro con la persona de Jesucristo, o al menos con lo que ese encuentro ha supuesto para otras personas. 
       
       Conocer a Jesucristo no es una mera curiosidad piadosa, o un grado más en el camino de la vida ascética. Es algo que afecta muy seriamente a nuestra existencia. "Porque -como ha escrito José Luis Martín Descalzo- con Jesús no ocurre como con otros personajes de la historia. Que César pasara el Rubicón o no lo pasara, es un hecho que puede ser verdad o mentira, pero que en nada cambia el sentido de mi vida. Que Carlos V fuera emperador de Alemania o de Rusia, nada tiene que ver con mi salvación como hombre. Que Napoleón muriera derrotado en la isla de Santa Elena o que llegara siendo emperador hasta el final de sus días, no moverá hoy a un solo ser humano a dejar su casa, su comodidad y su amor y marcharse a hablar de él a una aldehuela del corazón de África. 
       
       "Pero Jesús no, Jesús exige respuestas absolutas. Él asegura que, creyendo en él, el hombre salva su vida e, ignorándole, la pierde. Este hombre se presenta como el camino, la verdad y la vida. Por tanto -si esto es verdad- nuestro camino, nuestra vida, cambian según sea nuestra respuesta a la pregunta sobre su persona. ¿Y cómo responder sin conocerle, sin haberse acercado a su historia, sin contemplar los entresijos de su alma, sin haber leído y releído sus palabras?".
       
       La convicción de que Dios existe no es una idea más. Creer no es añadir una opinión a otras. El hecho de creer, cambia nuestra vida, la llena de luz, nos da una orientación para saber cómo vivir. Creer es seguir la senda señalada por la palabra de Dios. Y la elección de Dios que supone la vocación, es una elección de amor, una iniciativa de Dios, que ha pensado lo mejor para cada uno de nosotros. 
       
       En los Evangelios pueden leerse numerosas escenas en las que el Señor pasa y llama. Llama y espera una respuesta. "Llamó a los que quiso", recalcan los evangelistas. Y relatan el caso de alguno que se ofrece a seguir determinado camino  y no es admitido. Han pasado veinte siglos, y hoy el Señor sigue llamando, y sigue llamando a cada uno según quiere.
       
       Una mirada al mundo muestra enseguida la inmensidad del trabajo pendiente. "Alzad los ojos y ved los campos, dispuestos para la siega". El campo está listo, las necesidades son enormes, pero los trabajadores son escasos. ¿Cómo van a conocer a Dios si no hay quien dé testimonio de Él? Hacen falta personas que entreguen su vida para llevar la luz del Evangelio a todo el mundo, a los dirigentes de la sociedad, a los empresarios, a los intelectuales, a los abatidos, a los enfermos, a las zonas más remotas de la tierra, a quienes viven sin esperanza. 

ACOGER A MILES DE JÓVENES QUE VENDRÁN A LA JMJ 2011

ACOGER A MILES DE JÓVENES QUE VENDRÁN A LA JMJ 2011

 

MADRID, 27 Oct. 10 / 11:58 pm (ACI)

Como parte de la preparación para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011 que se realizará del 16 al 20 de agosto de 2011, las demás ciudades españolas se preparan a recibir en los días previos, del 11 al 15 de agosto, a más de 300 mil jóvenes de todo el mundo.

Con la inscripción a la JMJ de Madrid, se puede elegir participar en este programa, denominado "Días en las Diócesis", en el que ya están inscritos 130 mil jóvenes.

La Oficina de Prensa de la JMJ señala que este evento "transformará cada rincón de España en una pequeña Babel, acogiendo a jóvenes de todos los países de los cinco continentes".

Será "un tiempo de convivencia con actividades culturales, visitas históricas, momentos de fiesta y tiempos de oración en santuarios y lugares de peregrinación, que forman parte de la identidad religiosa local".

Además informaron que la Cruz de la JMJ sigue peregrinando por las diversas ciudades españolas. En este mes la Cruz ha visitado Ávila, provincia que acogerá en la semana previa a la JMJ a más de 6 mil jóvenes de 16 países.

Más información: http://madrid11.com/es/ded-mapa 

BENEDICTO XVI INSISTE EN LA DEFENSA DE LA VIDA

NUNCA PUEDE LEGITIMARSE LA MUERTE DE UN INOCENTE

Benedicto XVI afirma la obligación de los pastores de emitir juicios morales

Benedicto XVI afirma la obligación de los pastores de emitir juicios morales

Benedicto XVI fue muy claro: los pastores tienen la obligación de emitir juicios morales(incluso en temas políticos), no deben temer a la impopularidad cuando defienden públicamente la vida humana y pueden, con razón, orientar el voto de sus fieles a favor del bien común.

No sólo el texto es claro y directo, El Vaticano quiso difundirlo lo más posible y -cosa rara en estos tiempos- lo entregó a la prensa con tiempo de anticipación. Casi con la certeza que su contenido tendrá un profundo impacto. Algunos dicen que Rousseff y su opositor, José Serra, están en “empate técnico”. ¿Serán los dichos del Papa a definir la elección?. Abajo los pasajes más significativos del mensaje:

 

PARA VOSOTROS, GRACIA Y PAZ DE PARTE DE DIOS
Por Benedicto XVI / 28 de octubre de 2010

El deber inmediato de trabajar por un orden social justo es propio de los fieles laicos que, como ciudadanos libres y responsables, se empeñan en contribuir para la recta configuración de la vida social, en el respeto de su legítima autonomía y del orden moral natural.

Vuestro deber como obispos junto con vuestro clero es mediato, en cuanto os compete contribuir para la purificación de la razón y despertar las fuerzas morales necesarias para la construcción de una sociedad justa y fraterna. Cuando, sin embargo, los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas lo exigieran, los pastores tienen el grave deber de emitir un juicio moral, aún en materias política.

Sería totalmente falsa e ilusoria cualquier defensa de los derechos humanos políticos, económicos y sociales que no comprendiese la enérgica defensa del derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural. Además de esto, en el cuadro del empeño por los más débiles y los más indefensos, ¿quién es más inerme que un niño no nacido o un enfermo en estado vegetativo o terminal?

Cuando los proyectos políticos contemplan, abierta o verdaderamente, la despenalización del aborto o de la eutanasia, el ideal democrático -que sólo es verdaderamente tal cuando reconoce y tutela la dignidad de toda persona humana- es traicionado en sus bases.

Por tanto, queridos hermanos en el episcopado, al defender la vida no debemos temer la oposición y la impopularidad, rehusando cualquier compromiso y ambigüedad que nos conformen con la mentalidad de este mundo.

Además, para ayudar mejor a los laicos a vivir su empeño cristiano y socio-político de un modo unitario y coherente, es necesaria una catequesis social y una adecuada formación en la doctrina social de la Iglesia. Esto significa también que en determinadas ocasiones, los pastores deben incluso recordar a todos los ciudadanos el derecho, que es también un deber, de usar libremente el propio voto para la promoción del bien común.

En este punto política y fe se tocan. La fe tiene, sin duda, su naturaleza específica de encuentro con el Dios vivo que abre nuevos horizontes mucho más allá del ámbito propio de la razón. De hecho, sin la corrección ofrecida por la religión hasta la razón puede ser víctima de ambigüedades, como sucede cuando ella es manipulada por la ideología, o es aplicada de manera parcial, sin tener en consideración la dignidad de la persona humana.

Sólo respetando, promoviendo y enseñando incansablemente la naturaleza trascendente de la persona humana es que una sociedad puede ser construida. Así Dios debe encontrar lugar también en la esfera pública, sobre todo en las dimensiones cultural, social, económica y particularmente política. Por eso, amados hermanos, quiero unir mi voz a la vuestra en un vivo apelo en favor de la educación religiosa y, más concretamente, de la enseñanza confesional y plural de la religión en la escuela pública del Estado.

ADORAMOS A CRISTO DURANTE LA CONSAGRACIÓN EN LA MISA

ADORAMOS A CRISTO DURANTE LA CONSAGRACIÓN EN LA MISA

 

DURANTE LA CONSAGRACIÓN LOS FIELES DEBEN ESTAR DE RODILLAS

43. Los fieles están de pie desde el principio del canto de entrada, o bien, desde cuando el sacerdote se dirige al altar, hasta la colecta inclusive; al canto del Aleluyaantes del Evangelio; durante la proclamación del Evangelio; mientras se hacen la profesión de fe y la oración universal; además desde la invitación Orad, hermanos, antes de la oración sobre las ofrendas, hasta el final de la Misa, excepto lo que se dice más abajo.

En cambio, estarán sentados mientras se proclaman las lecturas antes del Evangelio y el salmo responsorial; durante la homilía y mientras se hace la preparación de los dones para el ofertorio; también, según las circunstancias, mientras se guarda el sagrado silencio después de la Comunión.

Por otra parte, estarán de rodillas, a no ser por causa de salud, por la estrechez del lugar, por el gran número de asistentes o que otras causas razonables lo impidan, durante la consagración. Pero los que no se arrodillen para la consagración, que hagan inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración.

Donde existe la costumbre de que el pueblo permanezca de rodillas desde cuando termina la aclamación del “Santo” hasta el final de la Plegaria Eucarística y antes de la Comunióncuando el sacerdote dice “Éste es el Cordero de Dios”, es laudable que se conserve.

(Instrucción General del Misal Romano)

Es muy curioso que en gran parte de iglesias se vea a mucha gente, y me refiero a gente que no parece tener ningún problema para arrodillarse, permanecer de pie. Ni tan siquiera hacen una inclinación cuando el sacerdote eleva al Santísimo. Me parece que esto denota una gran ignorancia o una gran falta de fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Lo peor de todo es que los sacerdotes no recuerdan e insisten en que el estar de rodillas en la consagración es un signo de adoración y algo que está así establecido en las normas litúrgicas.

REQUISITOS PARA LA PREPARACIÓN DE LA BODA

REQUISITOS PARA LA PREPARACIÓN DE LA BODA

 

LOS QUE VAN A RECIBIR EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO DEBEN TENER EN CUENTA LO SIGUIENTE

Pedir día y hora a la persona encargada en la Parroquia y, junto con la documentación correspondiente, se os pedirá que os acompañen dos testigos.

Se os preguntará sobre vuestros datos personales (nombre y apellidos, D.N.I., dirección, etc.), por el nombre, la localidad y la Diócesis de la Parroquia donde os vais a casar. Se os pedirá, igual que a los testigos, que firméis.

Previamente (o posteriormente), se habrán realizado las amonestaciones. Es decir, se anunciará en el tablón de anuncios de la parroquia (a veces se hace de viva voz al final de la Misa dominical) el próximo matrimonio. Este anuncio se hace en la parroquia en la que se está viviendo, y en las que se ha vivido desde la mayoría de edad (en algún caso puede ser que los mismos novios sean los que tienen que llevar y luego traer la notificación de amonestaciones).

 Una vez realizado el Expediente, este se llevará al Obispado correspondiente

Para la realización del Expediente se precisa la siguiente Documentación:

  1. Partida de Bautismo del contrayente del que se realiza el Medio Expediente, o de ambos si es Expediente Completo. En caso de estar bautizados en la misma parroquia donde están viviendo (y probablemente donde están haciendo el Expediente), no habrá ningún problema. En otro caso, habrá que pedirla por el medio que nos resulte más fácil (teléfono, correo, familiares que vivan cerca, etc.). Si las parroquias donde les bautizaron, y en la que están realizando el Expediente son de distintas Diócesis, habrá que legalizarla. A veces los párrocos realizan ellos mismos este trámite, pero lo normal es que haya que llevarla a legalizar al Obispado correspondiente.
  2. Libro de Familia de los padres, donde figuran los datos para el Registro Civil. En su defecto se puede entregar Partida de Nacimiento, donde figuran también estos datos.
  3. N.I.F.
  4. Certificado de haber realizado el curso de preparación al matrimonio (cursillos prematrimoniales).

Si se casan en una parroquia de la Diócesis donde no vive ninguno de ellos, entonces el novio lleva su medio Expediente a su Obispado. El Atestado de libertad que allí te entregan, se lleva, junto con el medio Expediente de la novia, a su Obispado correspondiente.

El Atestado de libertad (en favor de los dos), se lleva al Obispado de la parroquia donde os vais a casar y el documento que allí os entregan, se lleva a la parroquia donde se va a celebrar el matrimonio.

Los testigos del Expediente no deben confundirse con los de la Boda. Tanto unos como otros, pueden ser dos hombres, dos mujeres o bien hombre y mujer. No es necesario que sena los mismos, aunque también lo pueden ser.

Los primeros, que os acompañarán a realizar el Expediente deben:

  1. Ser mayores de edad.
  2. Llevar el D.N.I.
  3. No ser familia cercana de ninguno de los contrayentes.
  4. Conoceros suficientemente. En la práctica suele bastar con dos amigos/as, y se les pide que testimonien que no estáis casados, que no hay impedimento para la Boda, y que se ha alcanzado la madurez suficiente.

Los segundos, que estarán en la Boda deben:

  1. Ser mayores de edad.
  2. No ser familia cercana.
  3. Estar en la celebración para testimoniar que se ha realizado.
  4. Firmar al terminar la celebración. Los padrinos (podrían ser a su vez los testigos) pueden ser dos personas cualquiera.

 

Antes de reunirse con el párroco, tenga preparados, en papel sin sellar, los siguientes documentos:

  • Partida de nacimiento: se obtiene en el Registro Civil del lugar de nacimiento.
  • Partida de bautismo: debe pedirla en la Iglesia donde ha sido bautizado/a.
  • Certificado de soltería eclesiástico: en el caso de que uno de los contrayentes haya pasado más de un año en el extranjero o proceda de una diócesis diferente de donde se va a casar.
  • Dispensa: si los novios profesan cultos distintos o existe cualquier otro impedimento que prevea el Derecho Canónico. S.S.

 

Debe hacerse un cursillo de preparación al matrimonio. Este cursillo normalmente lo imparten sacerdotes, catequistas, parejas experimentadas e, incluso, médicos y personal especializado en temas concretos relacionados con la vida de pareja. Este cursillo es gratuito. Su duración y obligatoriedad dependen de cada parroquia.

Para el servicio de culto se hace una donación que varia según la diócesis o parroquia.

POLÍTICA Y DEFENSA DE LA VIDA

POLÍTICA Y DEFENSA DE LA VIDA

 

ELECCIONES, VOTO Y DEFENSA DE LA VIDA

Ante las elecciones del próximo 2 de noviembre, en Estados Unidos, los obispos han redoblado su magisterio acerca de las obligaciones de los católicos a la hora de emitir su voto

La defensa de la vida prevalece sobre otras cuestiones sociales

Por ejemplo, los obispos del Estado de New York dieron a conocer una carta pastoral, Our Cherished Right, Our Solemn Duty, en la que recuerdan que el derecho inalienable a la vida de todo ser humano inocente excede en importancia a otras cuestiones en las que los católicos pueden aplicar un juicio prudencial, por ejemplo, cuál es la mejor manera de satisfacer las necesidades de los pobres o de aumentar el acceso a la atención de la salud para todos”.

El derecho a la vida -siguen diciendo- es el derecho a través del cual fluyen todos las demás. A los candidatos que rechazan este derecho fundamental mediante el respaldo a un mal objetivo, como el aborto legal, la eutanasia o la investigación con células madre embrionarias, los católicos deben considerarlos los menos aceptables para un cargo público (…) Como enseña Faithful Citizenship, los que consciente, voluntaria y directamente respaldan las políticas públicas o las leyes que atentan contra los principios morales fundamentales, cooperan con el mal”.

Los obispos reafirman la necesidad de “hacer una debida investigación” sobre el pensamiento y el historial legislativo de los candidatos en temas como el derecho a la vida, los derechos de la familia a la educación de sus hijos, y la defensa del matrimonio como unión entre un hombre y una mujer, y otros temas relacionados con la doctrina social de la Iglesia, para lo cual la New York State Catholic Conference ofrece un sitio de Internet:www.nyscatholic.org.

 

Los obispos de Iowa y Minnesota

También los obispos de Minnesota, pusieron en marcha una campaña de seis semanas, para re-catequizar a los católicos sobre la verdad del matrimonio como unión de un hombre con una mujer; instarlos a presionar a los legisladores; e informarse sobre los candidatos para votar en defensa del matrimonio en las elecciones del 2 de noviembre.

Por su parte, los obispos de Iowa han reclamado a los votantes católicos participar en las elecciones para revertir el fallo de la Corte del Estado de 1998 contrario a la esencia del matrimonio.

A LA ESPERA DE CONVOCAR NUEVO GRUPO DE CONFIRMACIÓN

A LA ESPERA DE CONVOCAR NUEVO GRUPO DE CONFIRMACIÓN

 

LA PARROQUIA NECESITA VARIOS CATEQUISTAS PARA INICIAR NUEVOS GRUPOS DE CONFIRMACIÓN

En estos momentos no podemos iniciar nuevos grupos de confirmación debido a que no hay catequistas que puedan hacerse cargo de ellos.

Esperamos que cuanto antes podamos iniciarlos.

Si hubiera alguien dispuesto a dar catequesis de preparación para la Confirmación le agradeceríamos que se pusiera en contacto con el párroco.

 


NORMAS DEL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO SOBRE EL BAUTISMO

NORMAS DEL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO SOBRE EL BAUTISMO

 

NORMAS DEL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO

Canon 867

§ 1.    Los padres tienen obligación de hacer que los hijos sean bautizados en las primeras semanas; cuanto antes después del nacimiento e incluso antes de él, acudan al párroco para pedir el sacramento para su hijo y prepararse debidamente.

  § 2.    Si el niño se encuentra en peligro de muerte, debe ser bautizado sin             demora.

 

Canon 868

§ 1.    Para bautizar lícitamente a un niño, se requiere:

1. que den su consentimiento los padres, o al menos uno de los dos, o quienes legítimamente hacen sus veces;

2. que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica; si falta por completo esa esperanza debe diferirse el bautismo, según las disposiciones del derecho particular, haciendo saber la razón a sus padres.

 

DE LOS PADRINOS

Canon 872 En la medida de lo posible, a quien va a recibir el bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es asistir en su iniciación cristiana al adulto que se bautiza, y, juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir el bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo.

Canon 873 Téngase un solo padrino o una sola madrina, o uno y una.

Canon 874

§ 1.    Para que alguien sea admitido como padrino, es necesario que:

1 haya sido elegido por quien va a bautizarse o por sus padres o por quienes ocupan su lugar o, faltando éstos, por el párroco o ministro; y que tenga capacidad para esta misión e intención de desempeñarla;

2 haya cumplido dieciséis años, a no ser que el Obispo diocesano establezca otra edad, o que, por justa causa, el párroco o el ministro consideren admisible una excepción;

3 sea católico, esté confirmado, haya recibido ya el santísimo sacramento de la Eucaristía y lleve, al mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir;

4 no esté afectado por una pena canónica, legítimamente impuesta o declarada;

5 no sea el padre o la madre de quien se ha de bautizar.

VISITAS A LOS ENFERMOS E IMPEDIDOS DE LA PARROQUIA

VISITAS A LOS ENFERMOS E IMPEDIDOS DE LA PARROQUIA

ATENCIÓN ESPIRITUAL A LOS ENFERMOS E IMPEDIDOS

Estimados feligreses de la parroquia, como ya se avisó en varias oportunidades, quienes conozcan a algún enfermo o persona impedida que desee recibir la visita del sacerdote puede comunicarlo directamente al párroco o a algunos de los visitadores de la parroquia.

Hay una relación de los enfermos que ya estaban siendo visitados. Para ellos no es preciso que vuelvan a avisar. En cuanto sea posible, el párroco desea acercarse y visitarles en sus casas. Pero aquellos que no habían avisado y que, por tanto, no estaban en la relación, sí que deben pasar el aviso para que se les pueda atender.

Los enfermos son un gran tesoro porque ofreciendo a Dios con paciencia y espíritu de sacrificio se unen más estrechamente a Cristo en su pasión y alcanzan muchas gracias para ellos, sus familiares y toda la Iglesia.

Desde la comunidad parroquial os encomendamos, rezamos por vosotros y por vuestros familiares, por quienes os atienden y cuidan, y rogamos a Dios para que os dé fortaleza y serenidad en vuestra situación y que el Señor os conceda la salud y el poder recuperaros si es para mayor gloria de Dios.

MENSAJE DEL PAPA PARA LA JMJ MADRID 2011

MENSAJE DEL PAPA PARA LA JMJ MADRID 2011

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE 
BENEDICTO XVI 
PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 
2011

“Arraigados y edificados en Cristo, 
firmes en la fe”
(cf. Col 2, 7)

(Resumen) 

Numerosos jóvenes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. Muchos manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz. 

La juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza. 

Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti.

Quisiera detenerme en tres términos que san Pablo utiliza en: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7).

La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces?

«Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jer 17, 7-8)

Jesús mismo se presenta como nuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle?

Estar arraigados en Cristo significa responder concretamente a la llamada de Dios, fiándose de Él y poniendo en práctica su Palabra. Jesús mismo reprende a sus discípulos: «¿Por qué me llamáis: “¡Señor, Señor!”, y no hacéis lo que digo?» (Lc 6, 46). 

«El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra… se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida» (Lc 6, 47-48).

Queridos amigos, construid vuestra casa sobre roca, como el hombre que “cavó y ahondó”. Intentad también vosotros acoger cada día la Palabra de Cristo. Escuchadle como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con Él a vuestro lado seréis capaces de afrontar con valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos. Continuamente se os presentarán propuestas más fáciles, pero vosotros mismos os daréis cuenta de que se revelan como engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino. 

La experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un “infierno”, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva.

Como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe (cf. Lc 22, 32). Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.

Queridos jóvenes, aprended a “ver”, a “encontrar” a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.

Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. «La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado»(Catecismo de la Iglesia Católica, 150). Así podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia.

A lo largo de este año, preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos, sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las diócesis, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco.

Que la Virgen María Interceda por todos vosotros, para que en la próxima Jornada Mundial podáis crecer en la fe y en el amor.

Benedicto XVI

 

Interesantísimo y divertido folleto que puede ser muy útil para difundir entre los jóvenes. Haz click en el enlace.

http://www.capellania.org/corinquieto/Portada.htm

COMUNIÓN A LOS DIVORCIADOS VUELTOS A CASAR

COMUNIÓN A LOS DIVORCIADOS VUELTOS A CASAR

 

NORMAS DE LA IGLESIA PARA ATENDER CON CARIDAD A LOS QUE SE ENCUENTRAN EN ESA DIFÍCIL SITUACIÓN

En la práctica pastoral en las parroquias se puede presentar una persona casada canónicamente (casada “por la Iglesia”) que se divorcia y se vuelve a casar civilmente. El motivo de esa persona para intentar un nuevo matrimonio -que naturalmente sólo puede ser civil- es la búsqueda de compañía, el intentar rehacer su vida, o la educación de los hijos del matrimonio canónico. Estas ocasiones pueden ser una oportunidad para el pastor de hablar con esa persona, para ayudarles a enfocar su vida de un modo más cercano a Dios. El sacerdote ha de tener enorme comprensión con estas situaciones, y al mismo tiempo ha de tener clara la práctica de la Iglesia en estos casos.

Es necesario recordar que la situación en que se encuentra una persona divorciada y casada de nuevo es contraria a las enseñanzas de la Iglesia. El Señor restableció el sentido original del matrimonio, en cuanto que es indisoluble. Al restablecer el matrimonio “como era al principio”, lo hizo como medio para procurar el bien de la entera humanidad. Se ofrecen aquí tres textos del Catecismo de la Iglesia Católica que resumen las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia:

1614 En su predicación, Jesús enseñó sin ambigüedad el sentido original de la unión del hombre y la mujer, tal como el Creador la quiso al comienzo: la autorización, dada por Moisés, de repudiar a su mujer era una concesión a la dureza del corazón (cf Mt 19,8); la unión matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble: Dios mismo la estableció: "lo que Dios unió, que no lo separe el hombre" (Mt 19,6).

1615 Esta insistencia, inequívoca, en la indisolubilidad del vínculo matrimonial pudo causar perplejidad y aparecer como una exigencia irrealizable (cf Mt 19,10). Sin embargo, Jesús no impuso a los esposos una carga imposible de llevar y demasiado pesada (cf Mt 11,29-30), más pesada que la Ley de Moisés. Viniendo para restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado, da la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión nueva del Reino de Dios. Siguiendo a Cristo, renunciando a sí mismos, tomando sobre sí sus cruces (cf Mt 8,34), los esposos podrán "comprender" (cf Mt 19,11) el sentido original del matrimonio y vivirlo con la ayuda de Cristo. Esta gracia del Matrimonio cristiano es un fruto de la Cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana.

1644 El amor de los esposos exige, por su misma naturaleza, la unidad y la indisolubilidad de la comunidad de personas que abarca la vida entera de los esposos: "De manera que ya no son dos sino una sola carne" (Mt 19,6; cf Gn 2,24). "Están llamados a crecer continuamente en su comunión a través de la fidelidad cotidiana a la promesa matrimonial de la recíproca donación total" (FC 19). Esta comunión humana es confirmada, purificada y perfeccionada por la comunión en Jesucristo dada mediante el sacramento del matrimonio. Se profundiza por la vida de la fe común y por la Eucaristía recibida en común.

Quien se encuentre en esta situación, por causas objetivas, no puede recibir los sacramentos mientras no salga de ella. No se le cierran las puertas de la Iglesia, sin embargo. La Iglesia reza por ellos, y los sacerdotes han de mostrarles su solicitud pastoral. Los divorciados y vueltos a casar pueden escuchar la palabra de Dios, frecuentar la Misa, ayudar a la Iglesia, u otras actuaciones personales. Pero objetivamente su situación les impide recibir los sacramentos.

El Código de Derecho Canónico establece que «no deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o de la declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave» (canon 915). El Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos, en su Declaración de 24 de junio de 2000, facilita la siguiente interpretación de este canon:

2. Toda interpretación del can. 915 que se oponga a su contenido sustancial, declarado ininterrumpidamente por el Magisterio y la disciplina de la Iglesia a lo largo de los siglos, es claramente errónea. No se puede confundir el respeto de las palabras de la ley (cfr. canon 17) con el uso impropio de las mismas palabras como instrumento para relativizar o desvirtuar los preceptos.

La fórmula «y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave» es clara, y se debe entender de modo que no se deforme su sentido haciendo la norma inaplicable. Las tres condiciones que deben darse son:

a) el pecado grave, entendido objetivamente, porque el ministro de la Comunión no podría juzgar de la imputabilidad subjetiva;

b) la obstinada perseverancia, que significa la existencia de una situación objetiva de pecado que dura en el tiempo y a la cual la voluntad del fiel no pone fin, sin que se necesiten otros requisitos (actitud desafiante, advertencia previa, etc.) para que se verifique la situación en su fundamental gravedad eclesial;

c) el carácter manifiesto de la situación de pecado grave habitual.

Situación ante la Iglesia de los divorciados y vueltos a casar

Se facilita un texto de Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Post-sinodal Familiaris Consortio, sobre la familia, de 22 de noviembre de 1981, en que se dan criterios para ayudar a los católicos que se han divorciado y se han vuelto a casar:

e) Divorciados casados de nuevo

84. La experiencia diaria enseña, por desgracia, que quien ha recurrido al divorcio tiene normalmente la intención de pasar a una nueva unión, obviamente sin el rito religioso católico. Tratándose de una plaga que, como otras, invade cada vez más ampliamente incluso los ambientes católicos, el problema debe afrontarse con atención improrrogable. Los Padres Sinodales lo han estudiado expresamente. La Iglesia, en efecto, instituida para conducir a la salvación a todos los hombres, sobre todo a los bautizados, no puede abandonar a sí mismos a quienes —unidos ya con el vínculo matrimonial sacramental— han intentado pasar a nuevas nupcias. Por lo tanto procurará infatigablemente poner a su disposición los medios de salvación.

Los pastores, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones. En efecto, hay diferencia entre los que sinceramente se han esforzado por salvar el primer matrimonio y han sido abandonados del todo injustamente, y los que por culpa grave han destruido un matrimonio canónicamente válido. Finalmente están los que han contraído una segunda unión en vista a la educación de los hijos, y a veces están subjetivamente seguros en conciencia de que el precedente matrimonio, irreparablemente destruido, no había sido nunca válido.

En unión con el Sínodo exhorto vivamente a los pastores y a toda la comunidad de los fieles para que ayuden a los divorciados, procurando con solícita caridad que no se consideren separados de la Iglesia, pudiendo y aun debiendo, en cuanto bautizados, participar en su vida. Se les exhorte a escuchar la Palabra de Dios, a frecuentar el sacrificio de la Misa, a perseverar en la oración, a incrementar las obras de caridad y las iniciativas de la comunidad en favor de la justicia, a educar a los hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu y las obras de penitencia para implorar de este modo, día a día, la gracia de Dios. La Iglesia rece por ellos, los anime, se presente como madre misericordiosa y así los sostenga en la fe y en la esperanza.

La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su práxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio.

La reconciliación en el sacramento de la penitencia -que les abriría el camino al sacramento eucarístico- puede darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación, «asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos».

Del mismo modo el respeto debido al sacramento del matrimonio, a los mismos esposos y sus familiares, así como a la comunidad de los fieles, prohíbe a todo pastor —por cualquier motivo o pretexto incluso pastoral— efectuar ceremonias de cualquier tipo para los divorciados que vuelven a casarse. En efecto, tales ceremonias podrían dar la impresión de que se celebran nuevas nupcias sacramentalmente válidas y como consecuencia inducirían a error sobre la indisolubilidad del matrimonio válidamente contraído.

Actuando de este modo, la Iglesia profesa la propia fidelidad a Cristo y a su verdad; al mismo tiempo se comporta con espíritu materno hacia estos hijos suyos, especialmente hacia aquellos que inculpablemente han sido abandonados por su cónyuge legítimo.

La Iglesia está firmemente convencida de que también quienes se han alejado del mandato del Señor y viven en tal situación pueden obtener de Dios la gracia de la conversión y de la salvación si perseveran en la oración, en la penitencia y en la caridad.

También en el Catecismo de la Iglesia Católica se encuentran indicaciones que hablan de la situación de los divorciados y vueltos a casar según la ley civil:

1650: Hoy son numerosos en muchos países los católicos que recurren al divorcio según las leyes civiles y que contraen también civilmente una nueva unión. La Iglesia mantiene, por fidelidad a la palabra de Jesucristo ("Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio": Mc 10,11-12), que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el primer matrimonio. Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación, y por la misma razón no pueden ejercer ciertas responsabilidades eclesiales. La reconciliación mediante el sacramento de la penitencia no puede ser concedida más que aquellos que se arrepientan de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo y que se comprometan a vivir en total continencia.

El sacerdote al que se le presente un caso de los que aquí se describen, debe tener en cuenta que, si es necesario, deberá negar la comunión eucarística al fiel que le pide la comunión y se encuentra en esta situación. Si se da este caso, procure prever las circunstancias para hablar antes con el fiel, explicándole los motivos que le llevan a negarle la comunión eucarística. Esta conversación, si se prepara, puede ser una ocasión para que el fiel medite sobre su relación con Dios, e incluso puede ser el punto de partida de su conversión, para lo cual es conveniente citarle en sucesivas ocasiones para continuar la conversación.

Si no ha sido posible tener la conversación previa, y el fiel divorciado y vuelto a casar por lo civil se presenta a recibir la comunión, el sacerdote deberá actuar con fortaleza -que no excluye la caridad con la persona- y negarle la comunión. 

TODOS SOMOS PARROQUIA

TODOS SOMOS PARROQUIA

 

TODOS SOMOS PARROQUIA Y TODOS DEBEMOS COLABORAR

Hemos de ser conscientes de que la Parroquia somos todos. No podemos estar como niños, de una forma pasiva, simplemente asistiendo y esperando que nos sirvan y que todo nos lo den hecho. Eso sería ser un peso muerto.

Cada uno tiene que preguntarse: “yo cómo colaboro con la parroquia”. Ciertamente hay muchas circunstancias y no todos podrán llevar a cabo una colaboración material, pero es importante tenerlo en cuenta y saber que podemos colaborar de otras muchas formas: avisando a un vecino de un acto, de una celebración, de una iniciativa de la parroquia; ofreciéndole una hoja de información; rezando; comunicando a la parroquia la necesidad de alguna persona; ofreciendo alguna sugerencia o idea, etc., y sobre todo rezando.

Todos podemos y debemos de hacer nuestra aportación. La participación en la Misa dominical es de una gran importancia porque es la celebración de la comunidad cristiana.

No dejemos enterrados los talentos que Dios nos ha concedido y vamos a hacerlos rendir con la ayuda del Señor para servir a los demás.

CARTA A LOS SACERDOTES SOBRE LA EDAD DE LA PRIMERA COMUNIÓN

CARTA A LOS SACERDOTES SOBRE LA EDAD DE LA PRIMERA COMUNIÓN

CARTA A LOS SACERDOTES

por el cardenal Darío Castrillón Hoyos 

Queridos hermanos, me dirijo a vosotros que, a través del correo electrónico, estáis conectados con nuestra pagina de Internet www.clerus.org., y que os ofrece documentación específica para la formación permanente; sobre todo gracias a las vídeo-conferencias internacionales de índole teológico, organizadas por la Congregación para el Clero, que ya venimos teniendo por más de tres años, y que toca temas que os conciernen de cerca.
     Querría agradecer en este tiempo que sigue inmediatamente después de Navidad, a vosotros párrocos que, en este año especial de la Santa Eucaristía, os dedicáis aún más a vivir y testimoniar este misterio eucarístico en vuestras parroquias.
     “Haced esto en memoria mía” nos ha dicho Jesús, y nosotros, a través del ejercicio de nuestro ministerio, podemos ofrecer cada día su Cuerpo y su Sangre sacramentalmente presente sobre el altar, y poder exclamar: «El Verbo se hizo Carne y ha venido a habitar entre nosotros» (Jn 1, 14).
     El tiempo de Navidad ha sido un tiempo dedicado especialmente a los niños. En efecto, el Dios encarnado, el Emmanuel, se nos aparece con el rostro de Niño; y Jesús, cuando sea adulto, nos dirá que el camino para entrar en el Reino de los Cielos pasa por el corazón de un niño: «si no os hiciereis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 18, 3).
     Precisamente en el Ángelus del pasado 6 de Enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, una vez más el Santo Padre afirmó la importancia de los pequeños en la Iglesia, diciendo que: «los niños son el presente y el futuro de la Iglesia. Tienen un papel activo en la evangelización del mundo, y con sus oraciones contribuyen a salvarlo y a mejorarlo».
     Cómo no pensar entonces de modo especial, en este año de la Eucaristía, en los niños: ellos que frecuentan nuestras parroquias y que son los primeros destinatarios de la catequesis. ¡Los acogemos, antes que nada, a la Pila Bautismal, cuando vienen acompañados de su familia; después los encontramos más frecuentemente en la parroquia, para participar en los cursos de catecismo en preparación a la Primera Comunión!
     Un gran Papa canonizado por la Iglesia, San Pío X, dedicó precisamente a los niños no poca atención y esfuerzo pastoral. El 8 de Agosto de 1910 venía emanado el Decreto “Quam Singulari” , a través del cual, el Santo Padre Pío X, establecía que se pudiera admitir a los niños a la Primera Comunión desde la edad de siete años.
     Fue aquello un evento muy importante para la pastoral de los niños, pues sin necesidad de esperar más tiempo, podían acercarse así a la Comunión Eucarística después de haber recibido en sus parroquias la debida preparación que les permitía aprender los primeros elementos fundamentales de la fe cristiana. De hecho, ya en aquel tiempo se había situado la edad de la discreción alrededor de los siete años, cuando el niño podía ya distinguir el pan común del Pan Eucarístico, verdadero Cuerpo de Cristo.
     Junto con San Pío X, muchos estamos convencidos que esta praxis de admitir a los niños a la Primera Comunión desde la edad de siete años, trae a la Iglesia grandes gracias del Cielo. Además, no hay que olvidarse que en la Iglesia primitiva, el sacramento de la Eucaristía se administraba a los recién nacidos, enseguida después del Bautismo, bajo las especies de pocas gotas de vino.
     Permitir que los niños puedan recibir cuanto antes posible a Jesús Eucarístico, había sido por muchos siglos uno de los firmes cimientos de la pastoral para los más pequeños en la Iglesia; costumbre que fue restablecida por San Pío X en su tiempo, que ha sido alabada por sus Sucesores, y aún más veces por nuestro Santo Padre Juan Pablo II.

Dejad que los niños se acerquen a mí, Carl Vogel von Vogelstein, Galería de Arte Moderna, Florencia

     El canon 914 ha acogido plenamente el pensamiento del Pontífice: «Los padres, en primer lugar, y quienes hacen sus veces, así como también el párroco, tienen obligación de procurar que los niños que han llegado al uso de razón se preparen convenientemente y se nutran cuanto antes, previa Confesión sacramental, con este alimento divino».
     El Santo Padre ha vuelto recientemente sobre aquella decisión de San Pío X con palabras de admiración; lo ha hecho en su libro ¡Levantaos! ¡Vamos!: «Un testimonio conmovedor de amor pastoral por los niños la dio mi predecesor san Pío X con su decisión sobre la Primera Comunión. No solamente redujo la edad necesaria para acercarse a la Mesa del Señor, de lo que yo mismo me aproveché en mayo de 1929, sino que dio la posibilidad de recibir la comunión incluso antes de haber cumplido los siete años si el niño muestra tener suficiente discernimiento. La Sagrada Comunión anticipada fue una decisión pastoral que merece ser recordada y alabada. Ha producido muchos frutos de santidad y de apostolado entre los niños, favoreciendo que surgieran vocaciones sacerdotales» (Juan Pablo II ¡Levantaos! ¡Vamos!, Plaza Janés, Barcelona, 2004, p. 97).
     Nosotros sacerdotes, llamados por Dios a custodiar el Santo Sacramento del altar en unión a nuestros Obispos, podemos y debemos cuidar ante todo a los niños como a los primeros destinatarios de este don inmenso: la Eucaristía, que Dios ha puesto en nuestras frágiles manos de arcilla, sobre nuestras manos consagradas.
     Creo que es una de las más grandes alegrías para el párroco aquella de escuchar la Primera Confesión de los niños, y luego, hacerles recibir la Primera Comunión; y viene espontáneamente a la mente la certeza de que cuanto más pequeños son, más digna será la acogida del corazón a Cristo sacramentado. En efecto, cuando la mente del niño llega a la edad en que comienza a razonar—y hoy esta edad llega pronto — está abierta y disponible a la acogida de la luz divina, que les hace penetrar hasta dónde es posible, el misterio del amor de Dios para el hombre. Luego la fe se levanta sobre la razón, y esta fe—que a menudo la hemos experimentado precisamente en nuestras parroquias—es tan viva en los niños que ellos son capaces, a veces mejor que nosotros, de expresar con la oración inmediata, su cercanía al Señor.
     Confiamos, por lo tanto, que esta santa costumbre, recordada por todos los últimos Papas, de hacer acercar a los niños pequeños a la Santa Eucaristía, después de haber hecho su Primera Confesión, sea cada vez más estimada y dentro de lo posible seguida, particularmente en este Año de la Eucaristía. Recemos para que la caridad pastoral sea la fuerza de todo párroco ávido de animar la pastoral parroquial, en unión a su Obispo, en sintonía y en colaboración con las familias y los educadores de los niños; para que el amor por la Santísima Eucaristía sea transmitido desde la más tierna edad, y el deseo de recibir el Cuerpo de Cristo se convierta en el camino más seguro para asegurar un futuro de paz y santidad, no sólo al creyente sino a la entera comunidad cristiana.
     En unión de oración y de trabajos pastorales, os saluda dev.mo en Cristo.
      
     Ciudad del Vaticano
     8 de Enero de 2005 

LA EDAD DE LOS NIÑOS PARA HACER LA PRIMERA COMUNIÓN

LA EDAD DE LOS NIÑOS PARA HACER LA PRIMERA COMUNIÓN

 

Sobre la praxis de retrasar la Primera Comunión de los niños

Además de la claridad, del Decreto Quam Singulari de san Pío X sobre la edad para la primera comunión 8 de agosto de 1910 hay más ocasiones, y recientes, en las que la Iglesia se ha vuelto a pronunciar sobre la cuestión de la edad de la Primera Comunión.

Alguno podría pensar que el Decreto de San Pío X es muy antiguo y que las circunstancias actuales han cambiado y aconsejan retrasar la edad de la Primera Comunión. Grave error. No hay ningún documento de la Iglesia que insinue, mínimamente, tal idea. Es más, precisamente este mes de agosto, la fiesta de San Pío X, el Papa Benedicto XVI ha vuelto a recordar que la praxis establecida en su momento por San Pío X sigue vigente y es necesaria aplicarla más que nunca, tal y como por otra parte está recogido en el código de Derecho Canónico. No ha habido, como algunos han pensado, una decisión de adelantar la edad de la Primera Comunión, sino simplemente recordar que se cumpla lo que ya estableció en su día San Pío X y que sigue plenamente vigente en la Iglesia.

La Iglesia ha seguido insistiendo en que la edad de la Primera Comunión sea cuando el niño llega al uso de razón, es decir, en torno a los siete años. Pero si hay niños —que los hay— que alcanzan el uso de razón antes de esa edad, los padres y el párroco tienen la obligación de preparar a esos niños para que reciban cuanto antes a Jesús en la Eucaristía.

Conviene reparar en que recibir la Primera Comunión, así como la confesión sacramental, comienza a obligar a los niños que llegan al uso de razón. No es que a partir de que tengan uso de razón, entonces se les tenga que comenzar a preparar. No se trata de eso. La preparación de la que se trata aquí es de una preparación próxima. La preparación remota, el que el niño rece algunas oraciones, sepa quien es Jesús, la Virgen, etc. es algo distinto y la habrá recibido con anterioridad a llegar al uso de razón.

Tanto los padres como el párroco tienen, por tanto, la obligación de que el niño que ha llegado al uso de razón, pueda confesar y comulgar cuanto antes. A eso deben de estar dirigidos los esfuerzos. Ciertamente se le debe preparar debidamente (Cfr. Código de Derecho Canónico n. 913-914).

Ahora bien, ¿qué debemos entender por la debida preparación? El Directorio catequístico general señala que cuando el niño pueda tener una idea «de Dios como Señor y Padre nuestro, de su amor por nosotros; de Jesús, Hijo de Dios, que se hizo hombre por nosotros, y murió y resucitó» (Directorium catechisticum generale, Addendum: 1 AAS 64 [1972] 173).

Me parece desacertado argumentar que los niños de hoy son cada vez más difíciles, o que les cuesta trabajo leer, que no saben nada. Será más difícil dar la catequesis, pero seguro que esa dificultad será mayor cuanto más grandes se hagan.

El conocimiento que se requiere no es el de una diplomatura en teología. Me parece un error pensar en tres años de preparación y que los niños vayan a comulgar a los 9, 10 o más años. Se les está privando de la gracia cuando más falta les hace.

Parece mentira que hoy, con tantas técnicas pedagógicas, con tanta preparación de profesores, agentes de la educación, medios técnicos, televisión, internet, etc., cuando los niños de tres años ya juegan con la Game Boy y manejan el ordenador, digamos que no se les puede enseñar lo básico para estar preparados a recibir la Primera Comunión.

Los niños está viendo en televisión, y en la calle todo tipo de contenidos inmorales y, por desgracia, pierden la inocencia mucho antes que hace algunos años. ¿Les vamos a privar además de la ayuda inestimable de la Eucaristía?

Estoy convencido de que en los niños «cuanto más pequeños son, más digna será la acogida del corazón a Cristo sacramentado. En efecto, cuando la mente del niño llega a la edad en que comienza a razonar—y hoy esta edad llega pronto — está abierta y disponible a la acogida de la luz divina, que les hace penetrar hasta dónde es posible, el misterio del amor de Dios para el hombre. Luego la fe se levanta sobre la razón, y esta fe—que a menudo la hemos experimentado precisamente en nuestras parroquias—es tan viva en los niños que ellos son capaces, a veces mejor que nosotros, de expresar con la oración inmediata, su cercanía al Señor».

Parece poco serio que en algunas parroquias, en las que los niños que cada año hacen la Primera Comunión no llegan a una docena, se plantee retrasar la edad para comulgar. Entre los padres, los catequistas y el párroco ¿son incapaces de transmitir lo mínimamente necesario para que el niño pueda estar en condiciones de recibir a Jesús?

En el fondo de esas ideas de que le niño estaría más maduro a una edad más tardía sigue estando la mentalidad jansenista que ya denunciara San Pío X; sigue estando la mentalidad de tener menos confianza en la gracia de Dios y más confianza en lo que nosotros hacemos, la idea de que los sacramentos son más un premio que la necesaria ayuda para la dibilidad humana.

San Pío X lo dice con claridad:

La edad de la discreción para la Comunión es aquella, en la cual el niño sepa distinguir el Pan Eucarístico del pan común y material, de suerte que pueda acercarse devotamente al altar. Así, pues, no se requiere un perfecto conocimiento de las verdades de la Fe, sino que bastan algunos elementos, esto es, algún conocimiento de ellas; ni tampoco se requiere el pleno uso de la razón, pues basta cierto uso incipiente, esto es, cierto uso de razón. Por lo cual, la costumbre de diferir por más tiempo la Comunión y exigir, para recibirla, una edad ya más reflexiva, ha de reprobarse por completo -y la Sede Apostólica la ha condenado muchas veces-.

Todavía alguno podría pensar que eso lo decía San Pío X pero que hoy estamos en otros tiempos y en otras circunstancias. No es cierto, al contrario, las circunstancias actuales si hacen algo es precisamente confirmar esto mismo. Lo ha recordado el Cardenal Darío Castrillón, entonces Prefecto de la Sagrada Congregación del Clero en una carta dirigida a los sacerdotes en enero del 2005. Suyas son estas palabras: «Confiamos, por lo tanto, que esta santa costumbre, recordada por todos los últimos Papas, de hacer acercar a los niños pequeños a la Santa Eucaristía, después de haber hecho su Primera Confesión, sea cada vez más estimada».

Y tampoco viene mal mencionar unas palabras de Juan Pablo II que citadas por el Cardenal en esa carta:

El Santo Padre ha vuelto recientemente sobre aquella decisión de San Pío X con palabras de admiración; lo ha hecho en su libro ¡Levantaos! ¡Vamos!: «Un testimonio conmovedor de amor pastoral por los niños la dio mi predecesor san Pío X con su decisión sobre la Primera Comunión. No solamente redujo la edad necesaria para acercarse a la Mesa del Señor, de lo que yo mismo me aproveché en mayo de 1929, sino que dio la posibilidad de recibir la comunión incluso antes de haber cumplido los siete años si el niño muestra tener suficiente discernimiento. La Sagrada Comunión anticipada fue una decisión pastoral que merece ser recordada y alabada. Ha producido muchos frutos de santidad y de apostolado entre los niños, favoreciendo que surgieran vocaciones sacerdotales» (Juan Pablo II ¡Levantaos! ¡Vamos!, Plaza Janés, Barcelona, 2004, p. 97).

 «Dejad que los niños se acerquen a Mí y no se lo impidáis» 

SOBRE LA PRIMERA COMUNIÓN Y LA OBLIGACIÓN DE ASISTIR A MISA LOS DOMINGOS

SOBRE LA PRIMERA COMUNIÓN Y LA OBLIGACIÓN DE ASISTIR A MISA LOS DOMINGOS

Documentos de la Iglesia sobre la Misa y la Primera Comunión.

 

 

 Código de Derecho Canónico:

Libro IV, art. 2, cánon 914: «Los padres en primer lugar, y quienes hacen sus veces, así como también el párroco, tienen obligación de procurar que los niños que han llegado al uso de razón se preparen convenientemente y se nutran cuanto antes, previa confesión sacramental, con este alimento divino; corresponde también al párroco vigilar para que no reciban la santísima Eucaristía los niños que aún no han llegado al uso de razón, o a los que no juzgue suficientemente dispuestos».

Sobre la obligación de asistir a la Misa los domingos y fiestas de guardar:

La obligación del domingo

Catecismo de la Iglesia Católica

2180 El mandamiento de la Iglesia determina y precisa la ley del Señor: ‘El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en la misa’ ( CIC can. 1247). ‘Cumple el precepto de participar en la misa quien asiste a ella, dondequiera que se celebre en un rito católico, tanto el día de la fiesta como el día anterior por la tarde’ ( CIC can. 1248, 1).

2181 La Eucaristía del domingo fundamenta y confirma toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en la Eucaristía los días de precepto. Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave.”

2182 La participación en la celebración común de la Eucaristía dominical es un testimonio de pertenencia y de fidelidad a Cristo y a su Iglesia. Los fieles proclaman así su comunión en la fe y la caridad. Testimonian a la vez la santidad de Dios y su esperanza de la salvación. Se reconfortan mutuamente, guiados por el Espíritu Santo.

2192 ‘El domingo ha de observarse en toda la Iglesia como fies ta primordial de precepto‘ ( CIC can. 1246, 1). ‘El domingo y las demás fies tas de precepto, losfieles tienen obligación de participar en la misa’( CIC can. 1247).

1. PLAN DIOCESANO DE PASTORAL 2010/2014

1. PLAN DIOCESANO DE PASTORAL 2010/2014

 

El Plan Pastoral Diocesano en la Diócesis de Cartagena contiene tres objetivos prioritarios: Testigos de la fe, Custodios de la esperanza y Profetas y Misioneros de la Caridad.

En relación con cada uno de los objetivos se indica, al final del documento, un conjunto de acciones siguiendo el mismo esquema. Se trata de posibles acciones, es decir, sugerencias que se proponen para que cada parroquia, arciprestazgo, Vicaría, grupo, movimiento, asociación o entidad pueda escoger la que considere más adecuada a fin de conseguir el objetivo pastoral respectivo. También es posible realizar otras acciones no señaladas aquí, siempre que vayan encaminadas a la realización de los objetivos pastorales mencionados.

Es conveniente que al comienzo de curso, cada Parroquia, Arciprestazgo, Vicaría y Diócesis, planifique el curso con acciones concretas, de esta manera se camina de forma organizada y se facilita a los hermanos el trabajo.

XJosé Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena